Los conflictos sociales derivados de la extracción minera: Estudio de caso del ejido los cacaos en Chiapas, México

Social conflicts derived from mining extraction: Case study in the los cacaos ejido in Chiapas, México

Palabras clave: (en) Conflict, Mining extractivism, Political ecology, Rural studies
Palabras clave: (es) Conflicto, Ecología política, Estudios rurales, Extractivismo minero

El presente estudio, da a conocer el fenómeno de la inserción del extractivismo minero en la región Soconusco en el siglo XXI, un área rural sujeta a la política gubernamental conservacionista ubicada en la frontera sur de México. Desde una perspectiva teórica-metodológica de carácter interdisciplinaria expone el panorama minero regional, privilegia la óptica etnográfica y el enfoque de comunidad para dar cuenta de los cambios en las formas de vida y las distintas valoraciones que detonan la disputa por los recursos a partir del caso de estudio del ejido Los Cacaos. Con esto, se observa el surgimiento de redes y relaciones de actores en un campo de conflicto que debido a la controversia y distintos sucesos que se exponen en el texto, mantiene suspendida la minería.

The present study, reveals the phenomenon of the insertion of mining extractivism in the Soconusco region in the 21st century, a rural area subject to the conservationist government policy located on the southern border of Mexico. From an interdisciplinary theoretical-methodological perspective, it exposes the regional mining panorama, privileges the ethnographic perspective and the community approach to account for the changes in the ways of life and the different evaluations that trigger the dispute for resources based on the case study of the ejido Los Cacaos. With this, the emergence of networks and relationships of actors is observed in a conflict field that, due to the controversy and different events that are exposed in the text, keeps mining suspended.

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Cómo citar
Ramírez Ramos, Y., & Martínez Borrego, A. E. (2020). Los conflictos sociales derivados de la extracción minera: Estudio de caso del ejido los cacaos en Chiapas, México. Collectivus, Revista de Ciencias Sociales, 7(2), 125-143. https://doi.org/10.15648/Collectivus.vol7num2.2020.2677

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Recibido: 9 de noviembre de 2019

Aprobado: 12 de febrero de 2020


LOS CONFLICTOS SOCIALES DERIVADOS DE LA EXTRACCIÓN MINERA: ESTUDIO DE CASO DEL EJIDO LOS CACAOS EN CHIAPAS, MÉXICO

Yoame Ramírez Ramos*

Alma Estela Martínez Borrego**

RESUMEN

El presente estudio, da a conocer el fenómeno de la inserción del extractivismo minero en la región Soconusco en el siglo XXI, un área rural sujeta a la política gubernamental conservacionista ubicada en la frontera sur de México. Desde una perspectiva teórica- metodológica de carácter interdisciplinaria expone el panorama minero regional, privilegia la óptica etnográfica y el enfoque de comunidad para dar cuenta de los cambios en las formas de vida y las distintas valoraciones que detonan la disputa por los recursos a partir del caso de estudio del ejido Los Cacaos. Con esto, se observa el surgimiento de redes y relaciones de actores en un campo de conflicto que debido a la controversia y distintos sucesos que se exponen en el texto, mantiene suspendida la minería.

Palabras clave: Conflicto, ecología política, estudios rurales, extractivismo minero.

SOCIAL CONFLICTS DERIVED FROM MINING EXTRACTION: CASE STUDY IN THE LOS CACAOS EJIDO IN CHIAPAS, MÉXICO

ABSTRACT

The present study, reveals the phenomenon of the insertion of mining extractivism in the Soconusco region in the 21st century, a rural area subject to the conservationist govern- ment policy located on the southern border of Mexico. From an interdisciplinary theoreti- cal-methodological perspective, it exposes the regional mining panorama, privileges the ethnographic perspective and the community approach to account for the changes in the ways of life and the different evaluations that trigger the dispute for resources based on the case study of the ejido Los Cacaos. With this, the emergence of networks and relationships of actors is observed in a conflict field that, due to the controversy and different events that are exposed in the text, keeps mining suspended.

Keywords: conflict, mining extractivism, political ecology, rural studies.


1. Introducción

La actividad minera se desarrolló en el ejido, lugar conocido con el nombre de Los Cacaos, situado en el municipio de Acacoyagua en la región del Soconusco en Chiapas (México), en el año 2009, en pleno auge del boom minero. Por esta situación, se realizaron varias concesiones a empresas para la extracción de minerales en nuevos espacios, debido a que las políticas y los planes de gobierno, incentivaron la promoción de las ventajas competitivas que determinaron el perfil extractivista minero. Entre el año 2000, y el año 2017, en Chiapas, fueron otorgadas un mínimo de 153 concesiones que en la actualidad hacen un aproximado de 1,528,853.24 hectáreas, las cuales se concentran en la Costa- Sierra, en un área equivalente al 20.85% de la superficie estatal y abarca grandes extensiones prioritarias para la conservación ecológica.

Como resultado de ello, se insertaron los capitales mineros nacionales y trasnacionales, entre los cuales destacan: Linear Gold, Radius Gold Corp, subsidiarias de Minera Frisco, Grupo Salinas, las canadienses BlackFire y Minera Caracol, empresas denuncidas por corrupción, criminalización y asesinato de opositores mineros en Chiapas, ante las controversias e impacto territorial provocado por los procesos de extracción de barita en el municipio de Chicomuselo, y también distintas subsidiarias con presencia regional que exportan hacia China.

En este sentido, la Secretaría de Economía otorgó una concesión para desarrollar la minería en el ejido por cincuenta años (2009 a 2059), en favor de la empresa subsidiaria El Puntal de capital chino. En el nivel local, esto trajo el comienzo de una relación empresa-comunidad, la cual inició con un proceso de acercamiento con las autoridades agrarias, en él se ofreció una serie de ventajas en caso de que se aprobara la realización de las actividades de extracción en el núcleo agrario, para después llevar a cabo la presentación de esas intenciones ante la mayoría de los ejidatarios en una asamblea en el año 2009.

Estos sucesos, derivaron en la aceptación de las actividades de exploración y posterior explotación minera en la comunidad, mediante la celebración de una asamblea ejidal extraordinaria, logrando la anuencia en condiciones asimétricas, es decir, con acuerdos de beneficios diferenciados para los ejidatarios y los demás habitantes en el interior de la estructura social.

Lo anterior, define una relación de poder a la cual accedieron los lugareños, basada en compromisos ofrecidos como ventajas individuales y comunitarias por parte de la empresa, entre las cuales destaca: la realización de obras públicas, trabajo dentro de la mina y como transportadores del mineral, la renta de algunas parcelas para resguardo de insumos, el manejo de maquinaria para la destrucción de rocas, el otorgamiento de regalías, y otras actividades que generaron pocas ganancias y empleos limitados. De igual manera, esta situación fue cuestionada con el paso del tiempo, debido a que hubo una extracción permanente de minerales en las zonas selváticas que forman parte de la Reserva de la Biósfera El Triunfo, evidenciada por la devastación del área.

Al mismo tiempo, la transformación del territorio y la apropiación de lugares que sustentaban los ciclos productivos del mamey, café y cacao, pilares fundamentales para la reproducción económica y de las formas de vida de la comunidad. El vertido de residuos de la mina en los ríos; la aparición de daños importantes en la salud, así como las actividades agropecuarias a causa de la minería, generaron una tensión en Los Cacaos, sobre todo de cara a los beneficios diferenciados en el interior del núcleo agrario. Las ventajas focalizadas que evidenciaron tratos incumplidos, sumado esto a la obtención de pocas o nulas ganancias, dieron pie a que los tratos con la empresa fueran percibidos por cierta parte de la población como un “engaño”, al no cumplirse con los acuerdos y el arribo de los “beneficios” ofrecidos como ventajas de su inserción, sobre todo luego de la transformación de los referentes espaciales y las afectaciones causadas a la población.

De esta manera, surgen conflictos expresados en las valoraciones divergentes entre los habitantes, que mantienen en controversia las actividades de exploración y explotación minera en la comunidad. Por una parte, están quienes defienden la permanencia de la empresa minera, con el objetivo de obtener provecho de su vinculación con ella, y por otra, aquellos que defienden el territorio de la apropiación de los recursos naturales por parte de un actor externo, así como de los daños ambientales, sociales y personales asocia- dos con su presencia.

La magnitud de este problema tiene implicaciones a nivel regional, debido a que las concesiones, la extracción de minerales, la apropiación espacial y las transformaciones de los entornos, implican también otros acuerdos, tránsitos y relaciones que exceden el área ejidal.

Por todo lo anterior, el objetivo principal de este estudio es explorar los conflictos sociales derivados de la extracción minera, y de qué manera se estructuran las relaciones de poder que permiten la ocupación y apropiación del territorio en el ejido Los Cacaos. Asimismo, identificar cuáles son las valoraciones e intereses que entran en conflicto, y los actores e instituciones que intervienen en el mismo.

Como hipótesis general, se plantean los conflictos sociales derivados de la extracción minera: se presentan debido a las asimetrías de poder que permiten la instalación de la empresa minera El Puntal, como resultado de las relaciones de intercambio diferenciadas y que involucran las estructuras en el nivel municipal y local, que posibilitan la ocupación y apropiación del territorio por un actor externo a la comunidad.

2. Extractivismo minero y conflicto social: un acercamiento teórico

En el siglo XXI, se ha intensificado el interés mercantil por los bienes minerales inmersos en territorios estratégicos, con el fin de sostener y expandir las relaciones de capital, lo cual implica, entre otras cosas: mercantilización de tierras, privatización de derechos, supresión de formas de vida y de bienes naturales, y dinámicas de apropiación basadas en la acumulación por desposesión (Harvey, 2006, p.26), las cuales son características del denominado extractivismo minero.1

Las experiencias recientes, han evidenciado transformaciones de los entornos ambientales y sociales asociadas a los megaproyectos dependientes de tecnología de punta. Esto ha originado acciones colectivas comunitarias en oposición al desarrollo de esta actividad (Martínez Alier, 2004), esto es, el despliegue de valoraciones de tipo ecológico y cultural que tienen como base el derecho a la subsistencia económica de las poblaciones (ob. Cit.), centradas en la reivindicación del territorio como espacio de vida (Svampa, 2010; Rodríguez, 2010), sobre lo cual dan cuenta diversas investigaciones latinoamericanas planteadas desde la perspectiva de los movimientos sociales (Svampa, 2010; Silva, 2010; Lamberti, 2011).

Vale exponer que en el contexto mexicano, esta problemática ha sido foco de interés sobre todo desde la última década, debido a que entre los años 2001 y 2012, hubo un aumento inusitado de concesiones en nuevos territorios sin tradición minera, ya que se otorgaron 28,807 nuevos títulos en un total de 68.8 millones de hectáreas, y ante la intensificación de los niveles de extracción en las inmemorables regiones mineras, debido a la incorporación de tecnología de punta en este sector, por lo cual destacaron entonces las concesiones canadienses (71%), estadounidenses (16%) y chinas (8%).

Como resultado de los impactos sociales, ante el ascenso de los percances ambientales asociados a la minería y la desatención gubernamental, como es el caso de la contaminación por derrames, han surgido distintos procesos organizativos, los cuales, aunque no son homogéneos, dan cuenta de nuevas formas de intermediación y negociación institucional para el establecimiento de la minería, como destaca (Rodríguez, 2010), en el caso de Carrizalillo, Guerrero.

Del mismo modo, exponen el surgimiento de estrategias organizativas comunitarias, y regionales en oposición a la misma, como se ejemplifica en el caso del territorio sagrado wixárica de Wirikuta, la Costa-Montaña de Guerrero y otros espacios con presencia indígena y campesina, por lo que estas disputas ya no solo expresan reivindicaciones relacionadas con la autonomía, sino que dan cuenta de la diversificación de los actores en las mismas, aunado a las estrategias, participación y espacios de acción, lo cual da cuenta del surgimiento de la Red Mexicana de Afectados por la Minería y su participación en organizaciones de carácter trasnacional.

Por tanto, en la región del Soconusco los acuerdos entre empresas y comunidades permitieron la inserción de la minería hace al menos una década, y en los últimos años las controversias por la apropiación de los entornos comunes han originado conflictos. Con el objetivo de profundizar en el análisis de los problemas asociados a la minería y sobre los actores en disputa, se retoman las nociones de conflicto y campo, para dar cuenta de las redes de relaciones que ahí se desarrollan y la acción de los sujetos en el territorio, cuyos comportamientos, intereses y lógicas de apropiación, nos permiten concebir el espacio como un campo de poder en constante construcción (Manҫano, 2010).

El desarrollo del concepto de conflicto, por las disciplinas sociológica y antropológica en su vertiente estructural-funcional, profundizaron en las formas de integración social actor-sistema. En los años cincuenta, la sociología de Talcott Parsons expuso al conflicto como resultado del comportamiento desviado de los roles. En el caso de la antropología, el interés por mostrar las morfologías sociales y la articulación orgánica de la vida social, fue central en las etnografías de Malinowski y Radcliffe-Brown, entre otros. Posteriormente, los aportes críticos dan cuenta de los límites de la propuesta estructuralista, en especial la Escuela de Manchester, la cual aglutinó investigaciones antropológicas en contextos coloniales; aun cuando centraron sus estudios en los mecanismos de cohesión y equilibrio estructural, que dan como conclusión del conflicto el surgimiento de las instituciones modernas, las etnografías nos permiten distinguir la interacción de agrupaciones con valores e intereses comunes y diferentes (Evans-Pritchard, 2010, p.420). Al mismo tiempo, para Gluckman la fisión y fusión caracteriza la relación que vincula grupos, posiciones sociales y relaciones económicas diferenciadas (2003, pp.11-14).

Sin embargo, Van Velsen considera que las propuestas anteriores estudiaron el conflicto desde las estructuras y no como un proceso, lo cual imposibilitaba concebirle como un factor de cambio social. En ese sentido, considera que, para dar cuenta de las variaciones de valoración, tensiones intergeneracionales y nuevos comportamientos desde el enfoque de la comunidad, es central involucrar la acción del individuo (Van Velsen, 2007, p.7).

En este punto, su propuesta converge con el funcionalismo crítico y los aportes de Georg Simmel, quien reconoce al conflicto, al antagonismo, a la acción recíproca común, el consenso y el disenso, que generan y modifican comunidades de intereses, formas de socialización, organización y pautas de cooperación/conflicto, como inherentes a la vida social. En su propuesta analítica, el estudio del conflicto como hecho sui generis, debe distinguir las relaciones antagónicas, trascendiendo el principio de unidad e integración orgánica individuo-sociedad en el nivel estructural, para evidenciar las significaciones opuestas, la hostilidad, la competencia y el desacuerdo como expresión de adversariedad (Simmel, 2010, p.18).

Lo anterior fue retomado por Lewis Coser, para ahondar en la diferenciación entre conflictos al interior de una estructura social y los que se originan con estructuras externas, para discernir el comportamiento dispar de las agrupaciones: cohesión y oposición en relación con el factor de amenaza interior o exterior. En ese sentido, el conflicto implica varias formas de disputa e interacción de las agrupaciones que surgen con intereses y objetivos dentro de un marco de relaciones antagonistas, involucra valores, recursos y relaciones interpersonales no exentas de poder, por lo cual es un factor de cambio social (Coser, 1961, p.174).

Si bien, la sociología del conflicto ha sido productiva sobre todo desde la posguerra, los planteamientos anteriores fundan gran parte de las propuestas contemporáneas, que ponen una especial distancia a la dominación como centro de análisis y brindan importancia analítica a los sujetos como agentes centrales de los conflictos sociales (Touraine, 1994, pp.238-240).

3. La región Soconusco: de cacaotales, cafetales y minerales

La región Soconusco, destacó históricamente por la fertilidad de sus tierras, ello incentivó el establecimiento del comercio continuo en el mercado internacional como una economía de enclave monocultivo2, iniciada desde la Colonia para el abasto de cacao (Helding, en Damián, 1988), y sobre todo, tras la incorporación de la región a México (1882), y con la Ley de Colonización promovida por Díaz (1883), que permitieron la intensificación de la inversión de capitales extranjeros cafetaleros (Pohlenz, 1978, Spenser, 1998). Este impulso configuró las relaciones sociales y de poder regional del sistema finquero sostenido aún en la posrevolución3.

Tras la disputa por el control territorial, por parte de un movimiento contrarrevolucionario (Damián, 1988), que se negaba a entregar los latifundios, se dio el reparto agrario y se crearon los primeros ejidos en torno a las fincas. Entre 1934 y 1940, se reestructuró el espacio geográfico al quitar el poder a los finqueros, lo cual tuvo como consecuencia la conformación de los campesinos como sujetos agrarios, cuyas formas de vida se sustenta- ron entonces en los ciclos agrarios relacionados con la producción de cacao y café.

El quiebre de los proyectos, enfocados en el desarrollo endógeno (Hernández, 1998), el proyecto de modernización del sector agrícola y las sucesivas políticas económicas neoliberales que se presentan a partir de los años ochenta del siglo XX, marcaron la emergencia de una oleada de grandes extensiones de monocultivos agroindustriales de exportación, entre los que destacan la palma de aceite, mango, caña de azúcar (Santacruz, 2009), así como la incorporación de la región en los procesos de migración laboral.

En años recientes, cuarenta y dos concesiones mineras han sido otorgadas en la región Soconusco, pues la tecnología ha permitido conocer la existencia de depósitos importantes, muchos de ellos ubicados en áreas de alto valor ecosistémico, y por lo mismo, foco de las políticas conservacionistas ambientales. Este es el caso del área, que comprende los municipios de Acacoyagua, Escuintla y Mapastepec, cuyos proyectos se aso- cian a la extracción de titanio (SE/SGM, 2015), se traslapan con las propiedades sociales de la tierra (ejidos y comunidades), coinciden con asentamientos poblacionales y confluyen con la presencia de ríos, que atraviesan la cuenca y las áreas naturales protegidas, como lo muestra el siguiente mapa.

4. El extractivismo minero en la región Soconusco

La actividad minera, se insertó al menos hace una década en las comunidades rurales La Libertad, Los Cacaos y Nueva Francia, pertenecientes a los municipios de Acacoyagua y Escuintla. Como se mencionó, se dio una negociación de las empresas con las autoridades agrarias y con los ejidatarios para tener acceso a los territorios, cuestión que suscitó relaciones de intercambio al interior de ellas y también con las comunidades aledañas a las áreas concesionadas.

De acuerdo con los datos oficiales, no existen proyectos mineros activos en la región (SE/SGM, 2015), sin embargo, otras fuentes evidencian que la explotación a cielo abierto se ha intensificado desde el año 2012, en sitios localizados dentro de la Reserva de la Biósfera El Triunfo, o en la zona de amortiguamiento con una cercanía de dos kilómetros (Moreno y Abraján, 2016), motivo por el cual en los últimos años se han suscitado controversias regionales, a causa de sus efectos espaciales, sociales y ambientales.

Los cambios en la apariencia física de los ríos, que atraviesan la cuenca desde la sierra y descienden hacia la costa hasta llegar a los manglares ubicados en el Pacífico, han sido considerados como un factor de riesgo y contaminación, debido a la presencia de enfermedades en humanos y ganado, lo cual ha traído cambios en las actividades agrarias y en las pautas de consumo ribereño, como es el caso de los ríos Cintalapa y Cacaluta, asimismo, ha reconfigurado las relaciones intra e intercomunitarias.

El cercamiento de antiguas áreas de tránsito cotidiano para el pastoreo, y de camino de vuelta a la parcela o acarreo de cosechas, como lo muestra la siguiente ilustración, ha perjudicado también las labores de captación de agua ahí desarrolladas, ya que las comunidades rurales administran este líquido vital mediante la integración de comités de agua, estructura comunitaria dedicada a controlar su distribución. La privatización de las áreas concesionadas para la minería, en coincidencia con las rancherías en donde se ubican las tomas de agua, impidió realizar las labores del comité, y además las maquinarias taparon las tuberías y desecharon residuos en los ríos, causando inconformidad entre las comunidades localizadas “aguas-abajo”.