Manifiesto por una Sociología Sentipensante

Manifesto for a Sensitive Sociology

Palabras clave: (en) Social sciences, Sentipensante, Committed science, Researcher, Academia
Palabras clave: (es) Ciencias sociales, Sentipensante, Ciencia comprometida, Investigador, Academia

Estudiar la sociología desde las realidades sociales, políticas y económicas en el escenario colombiano, permite el debate, construcción y cuestionamiento de su enseñanza en las universidades, esto, desde la práctica. Por lo tanto, este ensayo surge de la preocupación constante y de la crítica a la forma en que desde la academia se estudian las problemáticas sociales, pero desligadas de su contexto, sin una incidencia en la transformación de las mismas. Por lo cual se recurrirá a los planteamientos del sociólogo Orlando Fals Borda, como pensando crítico latinoamericano, que por medio de su accionar en la investigación y compromiso político, desestructuro una visión de ciencia occidental para poder concebir una desde nuestros contextos. Se desarrollará el concepto de ciencia social, a partir de la pregunta ¿ciencia para quién?, y su vinculación con diferentes procesos sociales; luego se seguirá con la discusión sobre teoría crítica y teoría tradicional, mostrando cómo la ciencia desde lo local ha sido subordinada a lo que se denomina como ciencia occidental, también se preguntará por el papel del investigador en torno al compromiso social y político; y por último se hace una apuesta por una sociología que involucra el sentir y razonar del investigador, rescatando una de las enseñanzas de Fals Borda, construir una sociología sentipensante.

Studying sociology from the social, political and economic realities in the Colombian scenario, allows the debate, construction and questioning of its teaching in universities, this, from practice. Therefore, this essay arises from the constant concern and criticism of the way in which social problems are studied from the academy, but it slips out of its context, without an impact on their transformation. In this way, the approaches of the sociologist Orlando Fals Borda will be used, as Latin American critical thinking, which through its action in research and political commitment, design a vision of western science to be able to conceive from our contexts. The concept of social science will be developed, based on the question ¿science for whom?, And how it can be linked to different social processes; Then he identified with the discussion on critical theory and traditional theory, showing how science from the local has been subordinated to what is called western science, he also asks about the role of the researcher around social and political commitment; and finally, a bet is made for a sociology that involves the researcher's feeling and reasoning, rescuing one of the teachings of Fals Borda, building a sentipensante sociology.

Referencias

Fals Borda, O. (1987). La ciencia y el pueblo: nuevas nociones sobre la investigación acción. En: Ciencia propia y colonialismo intelectual. Bogotá: Carlos Valencia, editores.

Granda, J.A., y Ríos, A.F. (2016). Continuidades y rupturas en el pensamiento crítico latinoamericano: la disputa por la dependencia y/o la decolonialidad. (Trabajo de grado para optar título de sociólogos) Universidad de Antioquia, Medellín.

Horkheimer, M. (1937). Teoría tradicional y teoría crítica. En: teoría crítica. Madrid: Amorrortu.

Monreal Gimeno, M. D. C., Cárdenas Rodríguez, R., & Martínez Ferrer, B. (2019). Estereotipos, roles de género y cadena de cuidado. Transformaciones en el proceso migratorio de las mujeres. Collectivus, Revista De Ciencias Sociales, 6(1), 83-97. https://doi.org/10.15648/Coll.1.2019.06

Mignolo, W. (2010). Desprendimiento epistemológico, emancipación, liberación, descolonización. Buenos Aires: Ediciones el signo. Pp. 9-17.

Rincón, J. (2014). Pensamiento crítico en Fals Borda: hacia una filosofía de la educación en perspectiva latinoamericana. En: Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 36(112). Disponible en: http://revistas.usta.edu.co/index.php/cfla/article/view/2400/2351

Cómo citar
Marín Gómez, L. M., & Hoyos Urrea, L. F. (2020). Manifiesto por una Sociología Sentipensante. Collectivus, Revista de Ciencias Sociales, 7(1), 89-98. https://doi.org/10.15648/Collectivus.vol7num1.2020.2553

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Recibido: 13 de julio de 2019; Aceptado: 14 de octubre de 2019

Resumen

Estudiar la sociología desde las realidades sociales, políticas y económicas en el escenario colombiano, permite el debate, construcción y cuestionamiento de su enseñanza en las universidades, esto, desde la práctica. Por lo tanto, este ensayo surge de la preocupación constante y de la crítica a la forma en que desde la academia se estudian las problemáticas sociales, pero desligadas de su contexto, sin una incidencia en la transformación de las mismas. Por lo cual se recurrirá a los planteamientos del sociólogo Orlando Fals Borda, como pensando crítico latinoamericano, que por medio de su accionar en la investigación y compromiso político, desestructuro una visión de ciencia occidental para poder concebir una desde nuestros contextos. Se desarrollará el concepto de ciencia social, a partir de la pregunta ¿ciencia para quién?, y su vinculación con diferentes procesos sociales; luego se seguirá con la discusión sobre teoría crítica y teoría tradicional, mostrando cómo la ciencia desde lo local ha sido subordinada a lo que se denomina como ciencia occidental, también se preguntará por el papel del investigador en torno al compromiso social y político; y por último se hace una apuesta por una sociología que involucra el sentir y razonar del investigador, rescatando una de las enseñanzas de Fals Borda, construir una sociología sentipensante.

Palabras clave:

Ciencias sociales, sentipensante, ciencia comprometida, investigador, academia.

Abstract

Studying sociology from the social, political and economic realities in the Colombian scenario, allows the debate, construction and questioning of its teaching in universities, this, from practice. Therefore, this essay arises from the constant concern and criticism of the way in which social problems are studied from the academy, but it slips out of its context, without an impact on their transformation. In this way, the approaches of the sociologist Orlando Fals Borda will be used, as Latin American critical thinking, which through its action in research and political commitment, design a vision of western science to be able to conceive from our contexts. The concept of social science will be developed, based on the question ¿science for whom?, And how it can be linked to different social processes; Then he identified with the discussion on critical theory and traditional theory, showing how science from the local has been subordinated to what is called western science, he also asks about the role of the researcher around social and political commitment; and finally, a bet is made for a sociology that involves the researcher's feeling and reasoning, rescuing one of the teachings of Fals Borda, building a sentipensante sociology.

Key words:

Social sciences, sentipensante, committed science, researcher, academia.

1. Introducción

El introducirse en el estudio de las ciencias sociales y en el caso específico de la sociología lleva transitar lugares dificultosos y reconocer realidades diversas. Antes de conocer la sociología en el espacio universitario considerábamos que, de alguna forma, el referirse al estudio de la sociedad desde diferentes posiciones y perspectivas implicaba un compromiso directo con la transformación de ésta a partir de la resolución de problemáticas injustas y si no era así, al menos permitía un diálogo constante con quienes viven cotidianamente tales sucesos.

Pero cuando empezamos a estudiar sociológicamente nuestro contexto, nos encontramos directamente con una realidad que no permite el encuentro y así van disminuyendo poco a poco esos pensamientos donde cabía la posibilidad de construir realidades fundamentadas en aspectos emancipadores. De modo que el campo académico llega a presentarse como un espacio cerrado en el cual se habla, piensa, conceptualiza y profundiza sobre la realidad social, quedándose ahí, en las palabras, promoviendo una variedad de análisis sobre sucesos relevantes; pero aquello que podría acompañar tales razonamientos, que sería la acción, es dejado de lado como algo no científico, puesto que se sale de los ámbitos e intereses de la academia. Y así mismo el irse adentrando en esta ciencia social genera dudas constantes de cómo y para quién se estudia: es en estos intersticios donde se puede vislumbrar la visión de la realidad que se tiene por parte del investigador.

Por lo tanto este ensayo surge de la preocupación constante y de la crítica a la manera en que se ha venido desarrollando la enseñanza de las ciencias sociales en las universidades colombianas, donde se continúa suscitado la visión de una ciencia que estudia las realidades sociales pero de alguna manera se desliga de la misma y sin la búsqueda de ninguna incidencia en esta, considerando aún que es el investigador portador de conocimientos verdaderos y absolutos frente a una sociedad donde sus integrantes son considerados objetos carentes de voz, acción y determinación para transformar la misma.

De tal manera se recurrirán a los planteamientos del sociólogo Orlando Fals Borda, como pensador crítico latinoamericano, que a partir de su accionar en la investigación y su compromiso político fue ejemplo de desestructurar la visión de la ciencia occidental para concebir una desde nuestras localidades, específicamente desde el trópico. Se desarrollará el concepto de ciencia social y cómo esta se puede vincular con diferentes procesos sociales, permitiendo así concebir una ciencia popular que permita la emancipación de los pueblos.

Luego se proseguirá con la discusión sobre la teoría crítica y teoría tradicional haciendo énfasis en la manera que la ciencia desde nuestras coordenadas geográficas ha estado subordinada a lo que se denomina ciencia occidental, problematizando a su vez el papel del investigador en relación con su compromiso social y a la vez político. Y finalmente se presenta una apuesta por una ciencia donde el investigador se involucra como ser, desde su sentir y su razonar, resaltando la importancia y la necesidad actual de rescatar una de las grandes enseñanzas de Fals Borda, construir una sociología sentipensante.

Las consideraciones que se exponen en este ensayo corresponden a las reflexiones y debates de las autoras, las cuales están en estrecho vínculo con sus experiencias de vida y el trabajo de campo que realizaron con comunidades rurales*1

Así mismo las reflexiones se dan gracias a la participación y encuentro en el semillero de investigación “Ciencias sociales, educación, ciudadanía y conflicto en América Latina y el Caribe” adscrito al grupo de investigación Cultura, Política y desarrollo social de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, donde se han generado diferentes apuestas por retomar el estudio de la obra del pensador colombiano Orlando Fals Borda, haciendo hincapié sobre su concepción de ciencia, su compromiso con la transformación y su visión de trascender los círculos de la academia. Más las vivencias de trabajo en el campo rural -en distintas regiones de Colombia y de Antioquia- a través del desarrollo del pregrado que permitieron la confrontación directa, la duda y el aprendizaje de cómo se da la relación entre la teoría y la praxis en los diferentes contextos a partir del papel del investigador social.

2. ¿Ciencia para quién?

A la mayoría de seres humanos les es negado, bajo las dinámicas del mundo actual, las virtudes de la ciencia y el arte debido a su carácter subversivo. Nos es negado la creatividad, el conocimiento, la filosofía, pero no el trabajo enajenado ni la libertad de vender nuestra mano de obra y mucho menos la miseria que deja a su paso el sistema económico del capital. La institucionalización y mercantilización de la ciencia no escapó a los intereses del mercado, todo puede ser rentable y en este sentido: técnico, reproductible, masificado, envasado y peor aún, excluyente. El conocimiento ha sido usado para el despojo de comunidades enteras y su desarraigo, la creación de máquinas para la aceleración de la muerte de la naturaleza y otros seres humanos, para silenciar, hacer hablar, en sí, el fin transformador del conocimiento ha sido utilizado a través de la historia por unos cuantos, a favor de sus intereses, queriendo mostrar que el mundo tal como lo han construido es el mejor de los mundos posibles.

A mediados del siglo pasado cantidad de científicos sociales latinoamericanos criticaron la entrada de modelos europeos en el estudio de las relaciones sociales en nuestra América Latina; los postulados de las ciencias naturales y sociales fueron importados, bajo diversas consignas, como cualquier otra mercancía que debía encajar perfectamente en contextos disímiles. La “universalización” y “democratización” del conocimiento europeo fue uno de los grandes logros de la colonización económica, política, social y del saber. Así, a través de la ciencia se reconocieron algunas prácticas y culturas, pero conllevando a la invisibilización de otras, que posiblemente no fueron comprendidas bajo aquellas formas estandarizadas; aunado a esto parecía separarse cada vez más –como sucede actualmente- la ciencia como práctica del pensamiento cotidiano de los seres humanos y se desconocía, tal como en el positivismo o el empirismo, la relación directa teoría-práctica, conocimiento-transformación.

La ciencia pasó a ser la encargada de validar determinadas formas de pensamiento y por ende ha sido venerada excesivamente como poseedora de la verdad. Por lo tanto, Fals Borda plantea que:

En primer lugar, no es correcto hacer de la ciencia un fetiche, como si ésta tuviera entidad y vida propias capaces de gobernar el universo y determinar la forma y contexto de nuestra sociedad presente y futura. La ciencia, lejos de ser aquel monstruoso agente de ciencia ficción, no es sino un producto cultural del intelecto humano, producto que responde a necesidades colectivas concretas –incluyendo las consideradas artísticas, sobrenaturales y extra-científicas y también a objetivos determinados por clases sociales que aparecen dominantes en ciertos períodos históricos. (Granda & Ríos, 1987)

Si bien la anterior es una clara crítica construida a finales del siglo pasado, aún es necesario desmitificar la validez universal que pretende otorgársele a la ciencia social, cuando se desconoce que es llevada a cabo por seres humanos situados en contextos sociopolíticos determinados, y que los resultados de sus investigaciones dependen en gran medida de estos factores.

En consecuencia, Fals plantea dos preguntas, al parecer sencillísimas, sobre cómo investigamos y para quién investigamos; éstas, encierran toda una discusión epistemológica, metodológica y política que problematiza de un lado la relación teoría–praxis y de otro, el papel de quién investiga en el proceso de generación de conocimiento, reconociendo su accionar como sujeto político, en sí, transformador. Así, nos encontramos ante un pensador que nos invita a estudiar nuestros contextos con modelos adecuados a ellos, situados, reconociendo la diversidad cultural que contienen, nombrándola; estas son en sí, parte de las reivindicaciones del pensamiento latinoamericano, el cual nos invita a acercarnos de manera crítica a la realidad.

En consecuencia, la ciencia posee una dimensión ideológica y política de gran importancia, a esta se le ha caído de una vez por todas la careta de neutralidad que se le impuso desde el positivismo, porque el quehacer científico implica estar comprometido con algo que afecta el futuro de la humanidad (Fals Borda, 1980). El conocimiento tiene una función social ligada a la transformación de realidades concretas, pero desde diferentes ámbitos se ha intentado establecer una separación entre el pensar y actuar, buscando que renuncie a su humanidad y a la posibilidad de transformar, aun así: “su propia condición la remite, por lo tanto, a la transformación histórica, a la realización de un estado de justicia entre los hombres” (Horkheimer, 1937).

La ciencia entendida de esta forma permite pensarla constantemente desde diversas perspectivas y para ello Fals hizo, hace muchos años, el llamado a analizar la sabiduría popular como base de otras formas de conocimiento; ésta incluye los saberes de quienes habitan diversas regiones de Colombia y América Latina. Para ello construye y define el concepto de ciencia popular, la cual ha sido reprimida por aquel tipo de conocimiento hegemónico que pretende mantener el status quo económico y político, relegando o suprimiendo otros conocimientos que de rebelarse serían alternativos, contradictorios e inconsistentes al sistema.

Esto no significa que el conocimiento suprimido, reprimido o emergente sea anticientífico o que vaya en contra del proceso de acumulación general de conocimiento: es un quehacer científico que va por fuera de los canales institucionales, formales, gubernamentales y académicos tal como se han concebido. El concepto de ciencia popular o nivel de ciencia emergente, subversiva, de cultura reprimida y silenciosa hace referencia al conocimiento empírico, práctico, de sentido común, que ha sido posesión cultural e ideológica ancestral de las bases sociales, es aquel que les ha permitido crear, trabajar e interpretar preponderadamente con los recursos directos que la naturaleza ofrece al hombre.

Esta ciencia tiene su propia racionalidad y estructura de causalidad, tiene mérito y validez en sí misma; queda por fuera del sistema dominante de conocimiento, rompe sus reglas, de allí el potencial subversivo que encierra el saber popular (Granda & Ríos, 1987; Monreal, Cárdenas, y Martínez, 2019). No obstante, teniendo en cuenta el verdadero fin de la ciencia, ésta no se encasilla bajo la categorización de “ciencia burguesa” o “ciencia popular”, puesto que la ciencia es un:

Proceso totalizador y constante que se mueve en varios niveles y que se expresa a través de personas y grupos pertenecientes a diversas clases sociales. Puede, por lo mismo, sumar y restar datos y objetos enfatizar ciertos aspectos y oscurecer otros, acordar mayor importancia a determinados factores, en fin, construir y destruir paradigmas de conocimiento. (Granda & Ríos, 1987)

Teniendo en cuenta la discusión que se suscita en este ensayo nos es necesario problematizar la manera en que se estudia y enseña la ciencia social actualmente en Colombia.

Consideramos que las universidades han dejado de ser el corazón –si en algún momento lo fueron- de la construcción de conocimiento colectivo; es así como desde ciertas prácticas se llegan a posicionar como una esfera aparte de las problemáticas de las comunidades, ya que ante problemas específicos -coyunturales-no se pronuncian ni adoptan posturas críticas. Sus tiempos acelerados no permiten que estudiantes y profesores se encuentren de manera continua con organizaciones sociales o movimientos de base, los debates académicos han llegado a convertirse en círculos viciosos donde se apela a una crítica muerta que pareciera no ser más que la repetición de discursos aprendidos de memoria; esto es razón, en parte, del modelo educativo actual que prioriza el conocimiento técnico a favor del mercado y la universidad privada a costa del aprendizaje y encuentro colectivo.

Aprendimos en la universidad que el conocimiento es un privilegio, un derecho escrito en la Carta Constitucional que cada día escasea para la gran mayoría de la población colombiana. En este contexto las ciencias sociales poseen grandes retos ya que nos encontramos ante un panorama social, económico y político devastador, irracional e históricamente desigual, por ejemplo, en el escenario nacional la construcción de paz ha pasado a un segundo plano por parte de ciertos sectores de la población, en el no reconocimiento de un conflicto armado, y por ende en la dificultad de crear espacios de reconciliación para las víctimas; es aquí donde el papel de la sociología, historia y trabajo social es fundamental para facilitar el diálogo y la construcción entre los diferentes sectores y organizaciones sociales.

El conocimiento en sí sólo transforma a quién lo posee, teoría y praxis, aunque continúan apareciendo en el espacio académico con formas diferenciadas de entender el mundo, sólo cobra sentido si lo comprendemos como unidad dialéctica; así, si se nos permite retomar aquella pregunta de Fals –¿para quién investigamos?- consideramos que los saberes académicos adquieren sentido cuando se ponen al servicio de los grupos que históricamente han sido oprimidos y rechazados, porque aún hay quienes piensan que el curso de la historia obedece a poderes divinos o sobrenaturales.

3. Teoría tradicional o teoría crítica: Una apuesta para el pensamiento latinoamericano

A la par de la discusión para quién la ciencia se retomó en América Latina, a finales del siglo pasado, una discusión que fue clave para la vieja Escuela de Frankfurt en torno a la teoría tradicional y la teoría crítica. La primera se entiende como la que responde a los espacios de la academia desde un ámbito totalizador donde se concibe la ciencia como aquella que busca encontrar los parámetros, leyes, reglas que mueven y configuran el mundo social y que son aplicables a todos los contextos sociales; de esta manera se llega a privilegiar una visión de la realidad, una sola historia, específicamente la que cuenta el triunfo de los dominadores, que llega a difundirse en todos los espacios de la vida social; así, se ocultan otros saberes que son tan válidos desde su practicidad. De esta forma la teoría tradicional contribuye al mantenimiento de una sola parte del pasado y la búsqueda o preservación de un orden establecido, donde todo lo que vaya en contravía de esta visión es acabado o pormenorizado. En consecuencia, para (Rincón, 2014) siguiendo el pensamiento de Max Horkheimer, aunque no se reconozca

También los intereses del pensamiento crítico son universales, pero no están universalmente reconocidos. Los conceptos que surgen bajo su influjo critican al presente. Por esta razón aunque la teoría crítica nunca procede arbitraria o azarosamente, el pensamiento dominante la considera subjetiva y especulativa, unilateral e inútil. Al enfrentarse al uso de los pensamientos dominantes que contribuyen a mantener el pasado y cuidan de los asuntos de un orden anticuado, al enfrentarse a los garantes de un mundo partidista, la teoría crítica causa la impresión de ser partidista e injusta ella misma. (p.174)

Desde el campo dominante, quienes forman parten de las ciencias sociales se encuentran inmersos en un aparato social que pretende desligarles de toda subjetividad en el proceso de generación de conocimiento mostrándose como objetiva, pero no es así, dentro de todo su aparataje y máscara de neutralidad, la teoría tradicional muestra en efervescencia sus intereses en pro del estatus quo en el ámbito social, político y económico, ya que no busca ni le interesa transgredir, interrogar y cuestionar lo que parece dado, predeterminado. De tal modo, quien investiga finge realizar una separación del sujeto político que es y se dedica en el sentido estricto de la palabra a reproducir teorías y conceptos, como si desde esta posición se lograra comprender y dar cuenta de manera crítica -veraz- de las dinámicas sociales, evitando así comprometerse con la transformación de la realidad social.

Con respecto a la formulación anterior ha surgido otra visión de la teoría desde lo que Horkheimer denominó teoría crítica, la cual busca cuestionar, apelar y denunciar las nefastas consecuencias para el pensamiento social continuar bajo el dominio de las formas tradicionales de estudio ya que ha socavado a través del tiempo otras maneras de pensar el mundo. La teoría crítica por lo tanto se opone a considerar la existencia de un pensamiento científico universal, entre otras razones, por las consecuencias negativas que tiene para el conjunto de la sociedad pretender aplicar preceptos teóricos generales a contextos particulares. Por este motivo, la crítica busca hacer visibles las problemáticas de la razón y reconocer otras sintaxis socioculturales desde la diversidad de contextos como los latinoamericanos, los cuales brindan la posibilidad de repensar la realidad, la sociedad y sus problemáticas, permitiendo desconfigurar y realizar nuevas formulaciones y planteamientos teóricos sobre territorios diversos como los de comunidades indígenas, afrodescendientes y mestizas, reconociendo parte de los saberes ancestrales que han perdurado durante bastante tiempo a pesar de las arremetidas del conocimiento occidental y del sistema que preserva un orden social discriminatorio.

La posibilidad de indagar, preguntar y tener una actitud de sospecha frente a lo que es enunciado desde la sociedad moderna, medios de comunicación, Estados, entes económicos, así como de los centros de conocimiento, permite configurar un pensamiento crítico, que desde los preceptos de la teoría tradicional, manifiesta y denuncia lo que se decía a entre voces, lo que se sabía y estaba latente. Así, la teoría crítica significa al mismo tiempo la posibilidad de reivindicar el accionar de aquellos sujetos que han sido excluidos, marginados, rechazados por los conceptos del pensamiento dominante.

Incidentalmente podría preguntarse, ¿cuál es la importancia de la crítica ante la colonización intelectual como dominio de la teoría tradicional? Su importancia radica en visibilizar las acciones y prácticas por las que los promotores de la teoría tradicional eligen que la educación sea de esta y no de otra manera, creando así una mentalidad donde los conceptos del pensamiento dominante buscan consolidarse como conciencia universal, (…), la crítica hace visible la problemática de la razón de aquellas teorías que desconocen discursos concebidos en otras sintaxis culturales [… ]. (Rincón, 2014)

En consecuencia, el discurso de la teoría tradicional ha ido de la mano con el avanzado paso de la modernidad frente a un mundo globalizado, donde se reproduce y se repite una visión de la realidad; llegado a este punto no se puede desconocer un antecedente: la colonización en América Latina que implicó la imposición de modelo económico, social y político, adentrándose también en los ámbitos del pensamiento, el saber y la ideología. A partir del encuentro de América y Europa en el siglo XV se impuso una organización específica de la sociedad, negando a su vez otras maneras de habitar; de esta manera los diferentes grupos que existían fueron exterminados o sino sometidos a través de diferentes formas de explotación y subordinación que conllevaron a ocultar o aniquilar todo el recorrido y acumulado histórico que se había construido desde los pueblos ancestrales.

Aun así, como se ve en nuestros contextos, algunos saberes han logrado sobrevivir, a partir del ocultamiento, la resistencia y manteniendo conocimientos que se han legado y enseñado de múltiples maneras a las siguientes generaciones.

Desde la colonización el discurso promovido por el centro, en un primer momento ocupado por Europa, emanaba que todo lo que surgía de ellos se situaba como superior, como un estado al cual debíamos llegar los pueblos “atrasados y salvajes” de la periferia. Dándose una imposición desde las lógicas del poder en las cuales las formas de vida, maneras de ver el mundo y moverse en este, de realizarse tenían que ser las que se repetían desde este discurso. Y se adentró tanto este mensaje en los latinoamericanos, que algunos quisieron negar totalmente un pasado, unas raíces y unos conocimientos, llegando a defender con una venda en los ojos todo lo que no era nuestro. A pesar de las guerras de independencia que se dieron en las colonias y las repúblicas de América Latina, en las cuales se buscaba una autonomía frente a los dominadores y se quería desarrollar gobiernos propios, a partir de preceptos de libertad, igualdad y fraternidad, finalmente terminaron favoreciendo a una clase política dominante que seguía representando esas ideas totalizadoras y negadoras del otro.

De esta manera las ideas de los grupos dominantes, que históricamente han estado en un lugar privilegiado de enunciación, fueron calando más profundamente en todo el quehacer social de los países latinoamericanos, aunque se promoviera la autonomía de Europa, aún la configuración de la organización social se daba bajo sus enunciados. Aquí es de valioso aporte la teoría de la dependencia de Aníbal Quijano. En esta visión se habla de una colonización desde lo político, militar, estatal, la economía y el control de los recursos naturales, donde se genera una relación centro-periferia.

En este punto aparece el concepto de Colonialidad del Poder como dispositivo que estructura formas de poder en el mundo, el cual surgió desde una relación específica de la modernidad y el desarrollo del capitalismo que ha sido divulgada a merced de la imposición por un centro (Granda & Ríos, 2016). Esta se establece, en principio, desde la relación de subordinación colonial generada por un ente territorial y que se sigue reproduciendo en el proceso de la modernidad llevando al abandono de la tradición, las propias ideas y seguir ciegamente lo que se dictamina desde lejos.

No se puede dejar de lado que la colonialidad se traslada también en los ámbitos del pensamiento y conocimiento, siendo este último un instrumento imperial que implica una intromisión desde el ser, el ver, el pensar, el sentir, “en suma, colonialidad del poder remite a la compleja matriz o patrón de poder sustentado en dos pilares: el conocer (epistemología), entender o comprender (hermenéutica) y el sentir (aesthesis)” (Mignolo, 2010).

Para entender esto, es necesario saber que todo conocimiento es situado históricamente y geopolíticamente. Es decir, en teoría no existe un lugar privilegiado de enunciación o centro de conocimiento, desde el cual se puedan emitir juicios con respecto a otros. Pero aun así desde los diferentes dispositivos de poder, ya sea por medio del Estado, las instituciones económicas, la académica se sigue reivindicando lo extraño y ajeno. Esta forma de conocimiento se ha sustentado por medio de la idea de razón, propulsando la separación entre acción y pensamiento, donde la neutralidad valorativa, el alejamiento de la naturaleza por parte del sujeto de conocimiento y de esta forma su apropiación despiadada, y la acumulación desmedida del capital han sido elementos básicos de esta manera de ver y de actuar en la realidad social. En este punto es válido hablar de Colonialidad del Saber, la cual hace énfasis en los procedimientos modernos, racionales de pensamiento, que estructuran la producción, circulación, distribución y recepción de conocimiento en el sistema actual imperante (Granda & Ríos, 2016).

Lo anterior se puede evidenciar en las universidades, específicamente en el campo de las ciencias sociales, por el privilegio que se le continúa otorgando al estudio y profundización de teorías occidentales, sin desconocer que estas han sido la base de lo que se hoy se puede constituir como la academia, pero de alguna forma solo darle visibilidad a estos planteamientos, ha llevado a relegar los diferentes aportes realizados desde las realidades latinoamericanas que conllevan a un repensar, desestructurar y emanciparse. Además, se fomenta la producción de conocimiento que responda a los movimientos del mercado, del sistema económico y no en consonancia de las realidades sociales en las que se habita, llevando a la mercantilización de la producción científica. Produciéndose investigaciones que por un lado teorizan dentro de los círculos académicos o las que facilitan la entrada de empresas a los territorios y que sus intereses van contravía y por ende en detrimento de las comunidades ancestrales.

La crítica esbozada desde el pensamiento crítico latinoamericano tiene en su núcleo, además, la interpelación sobre el papel del investigador en el proceso de producción de conocimiento; primero, como se ha hecho mención, bajo la acepción de ciencia popular éste se reconoce como sujeto político con intereses particulares sobre el contexto que le rodea, así, se pretende reconocer que quien investiga “es el producto y el surgir de la época y de las circunstancias propias que acaecen a determinado tiempo histórico, como también el intelectual es aquel que se enmarca en una postura cuyo pensamiento deviene de tiempos pasados e influencia su particular forma de existir [... ]” (Rincón, 2014).

La teoría crítica y la ciencia popular no encubren bajo la palabra “objetividad” la escisión, aun recurrente, entre los intereses del investigador -valores- con el contenido o delimitación de sus problemas de estudio; al contrario, reconoce que elegir esta o aquella problemática “nace fruto de sus propias experiencias y vivencias, así como las que adquiere en su convivencia y relación directa con otras personas, de ahí que, los procesos en que se fundamenta la crítica impliquen necesariamente lo ‘vivencial’” (Rincón, 2014), una referencia a contextos específicos, a historias de vida por narrar. Esta observación ha permitido el avance de la investigación cualitativa que reconoce a los actores que forman parte del proceso de producción de conocimiento como sujetos activos, pensantes, estableciendo relaciones horizontales entre quienes producen conocimiento.

Uno de los grandes retos para las ciencias sociales que estudian directamente la realidad construyendo conocimiento con sujetos activos ha sido el de delimitar en dicho proceso las formas “adecuadas” que implica establecer pautas de comportamiento, lenguaje y hasta formas de vestir, lo que implica reconocer, además, que si bien quien investiga se reconoce como sujeto político con intereses particulares, su trabajo y función social no es mesiánica y menos aún toma la transformación de realidades concretas como un trabajo que debe liderar a costa de las condiciones sociales, organizativas y materiales del contexto que investiga; esto permite recordarle al investigador que su compromiso con contextos específicos requiere tener en cuenta diversos aspectos. Algunos de los que plantea Fals son:

  • El investigador no debe camuflarse entre los campesinos y obreros, debe ser auténtico y honesto.

  • El dogmatismo no sólo es anticientífico sino que constituye un obstáculo para el avance de iniciativas que puedan ser positivas; este ocurre cuando en las investigaciones se aplican ciegamente conocimientos técnicos y principios ideológicos de diversas significaciones políticas.

  • Es de gran importancia, posee un sentido ético, la devolución sistemática de resultados del proceso de investigación. En la cultura campesina, por ejemplo, hay elementos positivos y negativos para el cambio social que abren posibilidades para transformaciones revolucionarias en el conocimiento y la acción.

En este sentido, Fals, propone formas de devolución sistemática y ordenada de las “masas a las masas” que implicaría que las comunidades reconozcan en su historia y cultura el potencial transformador de sus acciones, lo que demanda al investigador construir nuevos conocimientos en terreno estableciendo diálogos horizontales que le llevan a tener en cuenta los siguientes aspectos: comunicar avances investigativos considerando niveles de desarrollo político y educativo, en consecuencia hacer un uso del lenguaje simple que permitan una retroalimentación constante del saber; definir conjuntamente qué investigar en el terreno, lo que lleva a resolver la pregunta de para quién investigar; compartir con los cuadros populares las técnicas más simples de la investigación para que rompan su dependencia con el investigador y se generen diálogos más fructíferos (Granda & Ríos, 1987).

Teniendo en cuenta lo anterior, se demuestra una vez más, la necesidad de repensar modelos educativos estrechos. Desde nuestras experiencias de trabajo en el campo rural podemos dar cuenta de los que consideramos continúan siendo retos en las ciencias sociales. En primer lugar, si aquel no pertenece a la población o comunidad debe entender que siempre será un “extraño”, “otro” que rompe en las dinámicas cotidianas de los sujetos, esto si bien parece ser una desventaja consideramos que no lo es ya que le permite descubrir ese mundo con gran curiosidad e imaginación; en segundo lugar, y conectando un poco con el anterior, el peligro de considerarse parte de la comunidad, del lugar, del nuevo entorno, en sí de convertirse lo que los antropólogos denominan “nativo”, radica en la posibilidad de “naturalizar” el espacio y las tensiones sociales que nos presenta, dejar de hacerle preguntas, en sí, perder la capacidad crítica y retornar a la posturas que se intentan superar desde la visión de la teoría tradicional.

Indiscutiblemente frente a este panorama en el proceso de generación de conocimiento no podemos dejar de lado la necesidad de transformarlo, teniendo como punto partida una investigación crítica y articulada con los actores para el estudio de realidades complejas; lo que implica, además, apostarle a sujetos activos que dejen de entender el acontecer de la historia como algo ajeno a su accionar cotidiano. Por lo tanto, consideramos que la apuesta por la decolonialidad implica una crítica constante al eurocentrismo para reivindicar saberes propios, desde América Latina, que lleven a descolonizar el pensamiento y la pasividad de la acción de manera tal que podamos apostarle a la diversidad epistémica en las ciencias sociales.

Fals Borda fue un gran exponente de esta posición, ya que en un primer momento le apostó a la transformación de realidades concretas a partir de las bases populares, es decir, consideraba válidos el hacer y conocimiento del pueblo, consolidando entonces una crítica a la dependencia intelectual de los países periféricos con respecto a otros, lo que le posibilitó la comprensión de las particularidades y circunstancias propias del medio latinoamericano; reconociendo a su vez que el colonialismo se ha incrustado en la academia, las instituciones locales, las cuales no se escapan de las relaciones de poder político (Granda & Ríos, 2016), por lo que se defiende la importancia de una ciencia comprometida con la transformación que deba servir de medio para romper estas relaciones de subordinación y liderar una iniciativa de transformación que surja de los sectores populares.

En efecto, la Investigación Acción Participativa -IAP- es una propuesta que surgió desde Orlando Fals Borda y otros de sus colegas por fuera de los espacios académicos2 y en constante diálogo con las comunidades populares del país, reiterando la fuerza que tenían estas organizaciones y su capacidad de transformación; siendo la ciencia un medio que permitiría la emancipación de los que han sido dominados históricamente.

4. Conclusiones

Teniendo en cuenta lo que hemos esbozado hasta aquí, consideramos urgente y necesario desde las ciencias sociales, la sociología y las universidades públicas apostarles a formas de investigación sentipensantes. Como bien se conoce, este concepto fue desarrollado en algunos trabajos del sociólogo Fals Borda, específicamente en aquellos sobre las culturas anfibias- pescadores y cazadores- ubicados en las ciénagas cerca al río San Jorge en el Magdalena, los cuales usaban este término para describir aquel hombre que siente y piensa a la vez, el que combina el corazón con la razón (Rincón, 2014).

Lo anterior porque es necesario reconocer que los investigadores sociales al hacer parte de la sociedad que estudian se mueven a través de diferentes emociones que, combinadas con el pensamiento o la razón, contribuyen a la toma de decisiones y para el caso específico, tengan incidencia en las investigaciones científicas y por qué no en la transformación de las realidades concretas. Es así como el considerar una perspectiva teórica, un modelo metodológico y hasta el interese investigativo, dice bastante sobre la posición política de quién investiga. De modo que no se separa al sujeto de la investigación, sino que se reivindica la relevancia del sentir que incide en las decisiones que se toman.

Además es urgente pensarse formas que permitan el encuentro directo de las universidades y la sociología con las realidades que estudia, mejor dicho estar en la búsqueda de una ciencia social comprometida, reconociendo los diferentes conocimientos culturales, sociales y políticos, que no responden desde un centro de poder hegemónico sino que se inscriben desde los límites, desde la marginalidad, lo oculto; sabiendo que estos resultan de la vivencia práctica de los sujetos que han habitado sus territorios y se han movido en relación directa con la naturaleza. Por lo tanto se aboga por una sociología en relación con las comunidades, que desde la cotidianidad formule las preguntas de investigación, problematicen el acontecer de los hechos que afectan su diario vivir, el llamado es a la posibilidad de estudiar en lo cotidiano aquello que puede cambiarse; así los diferentes planteamientos científicos pueden llegar a ser útiles para la reflexión y el cuestionamiento de las personas en los contextos, como un primer paso para llegar a la acción transformadora y liberadora.

Reiteramos y reconocemos que es desde los propios contextos donde se inicia la transformación de las diferentes comunidades en espacios rurales y urbanos de las regiones de Colombia y de América Latina. Por lo tanto, en estos lugares se han dado maneras de organización que confrontan las subordinaciones a las que se les quería someter, a partir de la destrucción de su cultura, cultura que debe ser un medio, un vehículo que les permita a estos grupos, pensar su acción en el pasado, cómo se desarrolla en el presente y así mismo proyectarse en un futuro. Además de generar una reflexión a partir del cuestionamiento constante de lo que se ha dado por sentado, lo que es común y normal.

La ciencia y el conocimiento debe estar al servicio de los pueblos, tal como lo plantea el sociólogo Orlando Fals Borda, ésta debe impulsar la reivindicación de los saberes culturales, sociales, políticos, que permitan plantear otras posibilidades del mundo; siendo el motor que contribuye al movimiento de los sujetos que llenos de esperanzas buscan salidas frente a las consecuencias del sistema económico al servicio del capital.

Referencias bibliográficas

  1. Fals Borda, O. (1980). Revoluciones inconclusas en América Latina. Mexico: Siglo XXI.
  2. Granda, J. ., & Ríos, A. . (1987). La ciencia y el pueblo: nuevas nociones sobre la investigación acción. En: Ciencia propia y colonialismo intelectual. Bogota: Carlos Valencia, editores.
  3. Granda, J. ., & Ríos, A. . (2016). Continuidades y rupturas en el pensamiento crítico latinoamericano: la disputa por la dependencia y/o la decolonialidad. (Universidad de Antioquia). Retrieved from http:// bibliotecadigital.udea.edu.co/handle/10495/11452 [Link]
  4. Horkheimer, M. (1937). Teoría tradicional y teoría crítica. Madrid: Amorrortu.
  5. Mignolo, W. (2010). Desprendimiento epistemológico, emancipación, liberación, descolonización. Buenos Aires: Ediciones el signo.
  6. Rincón, J. (2014). Pensamiento crítico en Fals Borda: hacia una filosofía de la educación en perspectiva latinoamericana. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 36(112), 171–203.
* Específicamente con las comunidades ribereñas del Bajo Sinú, Córdoba y la población minera y campesina que habita el municipio de Segovia, Antioquia. para sus trabajos de grado; desde lo que les ha significado estudiar sociología en la Universidad de Antioquia y analizar la manera en que ésta es proyectada en relación con la sociedad en la que se encuentra inmersa.
Esta metodología respondió a un momento histórico donde las universidades en Colombia, a pesar de haber iniciado con gran impulso la enseñanza de las ciencias sociales, en este caso específico la sociología, de alguna manera para Orlando Fals Borda y otros compañeros investigadores, los espacios universitarios no permitían ese constante diálogo y permanencia en los contextos comunitarios. Por lo que la IAP se desarrolló por fuera de estos ámbitos y se construyó en las diferentes regiones de Colombia. Estas nuevas formulaciones apostaban por la realización de una ciencia propia, más cercana a las realidades en que se vivía. Se creería que esto anterior contribuiría al replanteamiento de la enseñanza en las ciencias sociales, pero no, la IAP sigue siendo marginal y excluida desde los círculos colombianos de la academia. Aun así, las enseñanzas de esta metodología están latentes, en los cuestionamientos y sospechas que se generan por parte de los investigadores sociales.
Marín Gómez, L. y Hoyos Urrea, L. (2020). Manifiesto por una Sociología Sentipensante. Collectivus, Revista de Ciencias Sociales, 7(1), 93-104. DOI: http://dx.doi.org/10.15648/Coll.1.2020.8